Lilia O’Hara
Basta oír el sonido del bandoneón para que se disparen las emociones: nostalgia, amor, soledad, alegría. Ese impacto fue el que sintió Pablo Jaurena en su adolescencia cuando conoció el instrumento que marcaría su vida. Hoy el bandoneonista argentino presenta su producción discográfica número 16, Fueyerías, un proyecto en el que el bandoneón es, naturalmente, el protagonista.
El músico, compositor y arreglista habla de este nuevo álbum y de su trayectoria. Fueyerías reúne piezas clásicas y composiciones propias, pero lo que la vuelve singular es la participación de 31 bandoneonistas de cinco países y de distintas generaciones, desde los 20 hasta los 90 años. Hay dúos, tríos, cuartetos, quintetos y sextetos de bandoneones que ponen al instrumento en el centro de la escena.
Jaurena cuenta que su amor por el bandoneón fue un enamoramiento súbito. “Fue una mezcla de casualidad y de un enamoramiento muy profundo con el sonido del instrumento. Cuando agarré un bandoneón por primera vez, estaba viviendo una especie de flechazo, un amor a primera vista. Estaba obsesionado escuchando tangos, orquestas, la música de Piazzolla, Julio Sosa, Aníbal Troilo; consumía mucho tango. Casi por casualidad se cruzó en mi vida la posibilidad de tener un bandoneón, gracias a uno de mis abuelos, que me prestó la plata para comprar uno”, dijo. “Casi irreflexivamente dije: este es el instrumento que tengo que tocar porque me gusta. Fue algo impulsivo, como quien mira futbol, se compra una pelota y empieza a jugar. Estaba muy enganchado con el tango y me puse a tocar el bandoneón; fue algo casi casual, pero con una raíz muy fuerte en lo que estaba viviendo”.
Nacido en 1981 en Río Tercero, provincia de Córdoba, Jaurena es profesor en Composición Musical por la Universidad Nacional de Córdoba y se formó en la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce, en Buenos Aires. Actualmente es bandoneón solista y concertino de la Orquesta Provincial de Música Ciudadana de Córdoba, agrupación en la que también se ha desempeñado como director invitado. Ha integrado grupos clave del tango contemporáneo —como el Trío MJC, la orquesta El Arranque y el grupo del pianista Andrés Linetzky— con los que ha realizado giras por América, Europa, Asia y África. Ha participado en más de 70 producciones discográficas como sesionista, arreglador, compositor o director, y se ha especializado en la transcripción de orquestas de tango y en arreglos pedagógicos que hoy se interpretan en todo el mundo. En el plano solista, su disco Retrato del aire fue nominado a los Latin Grammy como Mejor Álbum de Tango.
El álbum
Fueyerías se articula en dos partes: un álbum —ya disponible en las principales plataformas digitales— y un documental en posproducción que narra el detrás de cámaras: grabaciones, ensayos y encuentros en torno a cada pieza. “Estamos en posproducción y la idea es lanzarlo el año que viene”, adelanta el músico.

Cuando interpreta, se nota su pasión por el instrumento y por la música: “La música, y especialmente el bandoneón, que es mi instrumento, no es solo un medio de vida, sino una forma de vida. Ha ido marcando las distintas etapas de mi existencia. Con el tiempo uno va madurando y viviendo diferentes experiencias; hay constantes y variables. La constante es un amor profundo por el bandoneón, por la cultura argentina, por el tango, y una necesidad permanente de investigar, profundizar, entender y aprender. Las variables tienen que ver con las etapas de la vida, los diferentes intereses y experiencias que uno va construyendo. Me recuerdo hace veinte años, apenas debutando como profesional, con ingenuidades que hoy vivo y abordo de otra manera. La experiencia es una capa tras otra que nos va forjando”.
El amor, el arte
Sobre esas ingenuidades, añade: “Nunca pensé, por ejemplo, que iba a ir a China, Japón o Egipto a tocar el bandoneón. La vida me fue sorprendiendo para bien. Las ingenuidades también tienen que ver con entender cómo se maneja el ámbito de los colegas y de la industria. La música no deja de ser una industria: ser profesional implica vivir de esto, producir para generar nuevas posibilidades. Es diferente a la ingenuidad de los 17 años, cuando uno toca un instrumento sin saber cómo va a llenar el plato de comida de un hijo en el futuro. Parte de esa ingenuidad es importante que permanezca, porque es seguir siendo niño; ese espíritu ingenuo, curioso, desprejuiciado, hace que nos vinculemos a nuestra profesión desde un lado más visceral y más puro”.
Jaurena reconoce que es necesario volver a ese lugar de vez en cuando, “para reencontrarse con quien uno es y con lo que lo motiva. La profesión nos lleva a la rutina: grabaciones, giras, ensayos, métricas, seguidores en Instagram, suscriptores en YouTube. Toda esa parte más fría de la industria puede hacer que se pierda de vista lo importante: que es hacer música y vincularnos con ella de la manera más sincera posible, tratando de mantener viva la pasión que nos motivó a los 17 años”.
En cuanto al carácter universal del tango, subraya que el género tiene un perfil internacional desde hace décadas: las primeras giras de orquestas a París en los años veinte abrieron camino en Europa y, más tarde, en Asia —especialmente en Japón—, mientras que los espectáculos tipo Tango Argentino o Forever Tango poblaron los escenarios de Broadway y de la capital francesa en los años sesenta y setenta. “Ese tipo de acciones, con antecedentes de un siglo, han hecho que el tango se vuelva una música con mucha aceptación y muy conocida internacionalmente, a veces más por la música, otras por el baile o por el canto”, señala. Él mismo lleva veinte años viajando por el mundo.

La creación
Sobre la creación en un género con tanta tradición, Jaurena reflexiona y dice que “el tango tiene más de cien años de historia y ya ha tenido compositores geniales como Gardel, Troilo o Piazzolla; uno podría preguntarse qué más se puede decir. Pero esa pregunta puede paralizar. Si quiero ser compositor y me pongo a comparar con Wagner, Beethoven o Mozart, puedo sentirme muy pequeño y no escribir una nota. La comparación puede ser destructiva; sirve solo si es para aprender de los otros. En algún punto hay que olvidarse de lo que ya se hizo y confiar en lo que uno trae adentro. Para componer dentro del tango hay que conocerlo profundamente: escucharlo mucho, estudiarlo, analizarlo, vivirlo desde adentro. Luego hay que confiar en que esa experiencia nos dejó una marca, y que todo lo que hagamos estará coloreado por esa marca”.
En escena, dice que intenta que cada presentación sea una entrega total. “Trato de ser muy sincero y emocional. Las obras que más me gustan, y que veo que más gustan al público, son las que nacen de la emoción y no tanto del intelecto. En cada presentación intento que la entrega sea total, o lo más grande posible. No siempre tenemos un buen día; a veces estamos enfermos o cansados, otras felices y muy conectados. Pero el momento de hacer algo artístico casi siempre nos abstrae de la realidad y nos lleva a otro plano. Me ha pasado estar enfermo con fiebre, ir a tocar y no sentirme enfermo mientras toco; después, cuando termino, me siento peor porque lo di todo. Lo importante es conectarse realmente con lo que se está haciendo y vivir el presente intensamente”.
Fueyerías está disponible en todas las plataformas digitales, y en el canal de YouTube de Pablo Jaurena pueden verse ya varios videoclips del proyecto. El músico llegará a San Diego en febrero de 2027 para presentarse en The Conrad y otros espacios dentro del festival de tango organizado por el grupo Camarada.
